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Ahora que ya he dado cuenta de la segunda temporada de El Internado, puedo confirmar la impresión de la que ya dejé constancia aquí, aunque he de admitirme gratamente sorprendido por la capacidad de los guionistas por mantener el interés, introducir personajes, y crear aceptables dosis de intriga. Entre los hits de esta temporada, los flashbacks que ponen en contacto las historias presente y pasada del colegio que da título a la serie, y que acaba por conferirle el interés que a menudo sus personajes se resisten a despertar. Al menos, voy a esperar con cierta expectación la siguiente remesa. Pero si estoy hablando aquí de El Internado, aunque podría hacerlo solo por gusto, es por la relación que me permito establecer sin rubor alguno con mi propia obra. Puedo imaginar a los autores de la serie tomando la misma clase de decisiones de guión que las que Enric emprendió en su momento al decidir empaquetar nuestra historia de jóvenes con poderes en un formato más casero. Así, a pesar de reconocerse referencias (entre Enid Blyton y Harry Potter, entre Arriba y Abajo y la Escuela para jóvenes talentos del profesor Xavier, entre Frankenstein y Basket Case) la serie se esfuerza por buscar su carácter, aunque sea a costa de cierta credibilidad: véase las relaciones imposibles entre los profesores (de los cuales no parece haber ninguno sin pasados oscuros), los personajes de los jóvenes alumnos-detectives aparentemente paranoicos a la hora de confiar unos en otros, y sobre todo, el repelente par de mocosas mequetrefes que campa a sus anchas por todo el colegio y fuera de él (y cuyos diálogos constituyen algunas de las secuencias más sonrojantes que he podido ver en televisión desde Xena la princesa guerrera). Los esfuerzos de ambientación local de la serie prácticamente se limitan a elevadas cantidades de product placement, hasta el punto de que llegan a introducirse planos, e incluso lineas de diálogo, en la secuencia para llamar la atención sobre un anunciante. Desconozco si esto es una constante en las series españolas, pero en todo caso, se me ocurren formas más sutiles de promoción que hacer que una figurante pronuncie la frase "usa esto que es lo mejor contra la grasa" al fondo de una escena. Además de las diversas marcas de leche, cuentos infantiles o servicios de paquetería (que acaban por ser un chiste recurrente), el detalle más alucinante es el del director del exclusivo internado, de modales exquisitos e impecablemente vestido, corrigiendo exámenes... con un boli BIC!! Pero como criticar una serie por sus errores de guión y anécdotas logísticas es un signo de inmadurez (¿por qué Marcos habla con un acento gallego que parece salido de la aldea más recóndita de Orense, y en cambio sus padres y su hermana lo hacen en perfecto castellano?), me limitaré a los hechos. Recomendaría a cualquiera con un mínimo de tiempo libre o inquietud por ver series frikis en la tele que echara un ojo a El Internado, si no por su sobresaliente calidad, sí por abrir el camino a las series frikis de producción nacional, un género que ya se había hecho un hueco en cine en estos últimos años. Con un poco de suerte, su éxito llamará la atención de los productores sobre el olvidado género fantástico español, y cuando se queden sin series americanas que plagiar, o busquen alguna historia que desarrollar, así baratita, con magia de andar por casa, frikis, chicas guapas, monstruos y humor negro, allí nos aseguraremos de estar. Aprovecho para recordar que sigue abierto el concurso para elegir el reparto ideal de Huérfanos con actores españoles. Por cierto, el cómic en sí, que es de lo que se supone que va todo esto, se encuentra temporalmente en un impasse debido al mal tiempo (y lo digo en serio). Pero paciencia que después de lo que hemos esperado ya no nos viene a dos semanas, verdad? Current Mood: satisfied
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Sigo dando señales de vida desde aquí, mientras el número 4 avanza con paso firme aunque lento, a razón de unas tres viñetas por día, que puede parecer poco pero que a este ritmo ya habrían salido más de once números desde el anterior, así que menos quejarse.  Mientras tanto, aprovecharé este espacio para poner a parir analizar la serie El Internado, de Antena 3, que viene a colación de este diario al tratarse de uno de los escasos intentos por parte de la televisión patria por desarrollar series de género que no parezcan una mala copia de alguna serie americana. En este caso, y habiéndome quedado de momento en la primera temporada, El Internado es un producto fallido por méritos propios, pero al menos ha de reconocérsele el esfuerzo por destacar, que a juzgar por sus resultados de audiencia, así como el premio TP a la mejor serie concedido esta semana (venciendo a Hospital Central y Aida: ahí es nada, el nivel al que nos estamos moviendo), debe haber convencido más de lo que me habría podido esperar. Para los que no la conozcan, la serie relata la vida en un internado (de ahí su título, ingenioso, eh?) con el ominoso nombre de Laguna Negra. Los guiones siguen las historias de sus profesores y alumnos, y de los extraños sucesos que envuelven al lugar, buscando crear una atmósfera gótica, una intriga... esto... intrigante, y un paisaje humano cargado de dramatismo. Sus propuestas pueden rastrearse hasta las historias de jóvenes detectives de Enid Blyton (y sus historias de internados, por cierto) aunque tampoco está lejos de ser un Harry Potter de los pobres. Huelga decir que por comparación con una producción americana, la factura de la serie es pobre, pero al menos hace gala de un cierto encanto cutre, tan ingenuo que enternece. Sin embargo, concediendo ésta sería una comparación injusta, la serie pincha por sus guiones, tanto en la creación de la intriga, como en el desarrollo de los personajes, pasando por recursos argumentales de una extraordinaria candidez: una niña de cinco años se las arregla para entrar y salir del internado al bosque, prácticamente en cada episodio. Sin embargo, y pese al francamente decepcionante rendimiento que le sacan los guionistas al punto de partida de la serie, quiero reivindicar más series como El Internado. De la misma manera que reivindico el fenómeno Harry Potter, el cual posiblemente ha contribuido a crear más lectores, y sobre todo más lectores de fantasía, que un centenar de campañas de promoción de la lectura, la serie de Antena 3 puede haber atraído un inesperado interés sobre el subgénero de "intriga de ambiente fantástico con adolescentes". Y como ya se me ve venir, diré de una vez que todo esto iba a que Enric y yo ya habíamos hecho esto antes. Pero ya hablaré de esto cuando haya visto la segunda temporada. Que aunque cutre y previsible, me ha picado la curiosidad... CONTINUARÁ Current Mood: disappointed
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Grandes noticias, por fin estoy de regreso en mi mesa de dibujo, donde el número 4 se sigue cociendo a fuego lento. Aunque es un poco pronto para dar fechas, quiero tranquilizar a nuestra legión de seguidores de que esta vez parece que es la buena, que Marv por fin parece un lobo, y que Ismael, el nuevo miembro de la pandilla, no dejará indiferentes. A medida que avanza el número 4 se acerca el final de nuestro concurso para elegir al cásting perfecto de Huérfanos, que está gozando de una inmensa acogida, no doy abasto de contar mensajes aportando sugerencias. Gracias a todos los participantes, y no dejéis de dejar vuestras propuestas aquí, o por e-mail.  Mientras tanto, animaremos un poco el cotarro. Para el personaje de Sara, seguimos esperando vuestras propuestas para la actriz perfecta, pero a modo de comentario de making of, os contaré a quién uso de referencia para dibujarla, aunque sea la más improbable de las opciones para interpretarla: nada menos que Natalia, una de las zorritas jóvenes promesas de Operación Triunfo, y que según he podido constatar al parecer presentaba un programa infantil (!!!), lo cual es un anticipo de una nueva generación onanista (y en todo caso, mejor que la generación borderline que creció con Leticia Sabater, pero esa es otra historia). Valga mencionar lo que me ha costado encontrar en la red una foto en la que no pareciera una puta tuviera un aspecto demasiado sugerente. En todo caso, a Sara la caracterizo con ojazos estilo manga para rebajarle un poco la sexualidad (mas)turbadora de la original. Pues eso, que algunos nunca terminamos de madurar del todo. Debe ser cosa de los cómics... Current Mood: horny
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Obras en casa, y por supuesto el único lugar al que no puedo acceder es a mi estudio. Oh fatalidad, me veo obligado a descansar de mis dibujos hasta que me dejen. Y eso que ahora estaba haciendo progresos y avanzando con regularidad. Què hi farem.Mientras, aprovecharé para tratar de montar de una maldita vez la web de Huérfanos, y así tener algo menos triste que mostrar cuando colguemos el nuevo número, sobre todo si se me ocurre poner en marcha una campaña de marketing viral que se me ha ocurrido con la sibilina idea de atraer sobre esta magna obra la atención no solo de los curiosos sino también, si es posible, de los medios. Viendo cuanta sordidez y mediocridad hay por el mundo, uno no puede menos que indignarse y pedir su trozo del pastel. A la mierda mi pusilánime declaración de principios: quiero reconocimiento a mi esfuerzo y lo quiero YA. Bueno, o cuando pueda volver a dibujar, al menos. Las noticias son buenas porque ya he llegado al medio número completamente entintado (un 75% de progreso, podríamos decir en términos de windows) así que puede que esta vez los augurios sean buenos, las estrellas se alineen y el gran Cthulhu salga de su letargo por fin, y nos llame para pedir un número. Aprovecho para recordar que tenemos abierto el concurso para encontrar al perfecto cásting español de Huérfanos, en el que de momento la lucha más reñida es para el papel de Marv. Otra propuesta controvertida es la de José Luis Gil (de Aqui no hay quien viva) para el papel de Yago, una vez descartado Fernando Fernán Gómez (la elección obvia) por estar muerto.  No dejéis de seguir haciéndonos llegar vuestras propuestas, un original de valor incalculable está en juego!
Current Location: Palma de Mallorca Current Mood: cynical
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Feliz año nuevo a todos. Bueno, pues ya hemos sobrevivido a otro año, y ya van cuatro y pico sin un nuevo Huérfanos que echarse a la boca (o lo que sea que hagáis con ellos) pero hoy como buen arcángel (por nombre al menos) soy portador de buenas noticias. Los dibujos del cuarto número ya están completo en un 62,5 por ciento, mientras el guión ya lleva completo mucho tiempo (en respuesta a la alucinante pero real pregunta de si se hace antes el guión o el dibujo). Así que para celebrarlo y crear un poco de expectación, propongo un concurso que durará desde hoy hasta el dia del feliz advenimiento. Ahí va. Si una cosa me gusta de hacer Huérfanos (y me consta que a Enric también) es la posibilidad de trabajar en historias cercanas a la realidad, por más que estén impregnadas de fantasía. Curiosamente, y sin que queramos apuntarnos a ninguna moda, esta es una tendencia reciente en la televisión y el cine españoles, que está dejando cada vez más entrar los géneros entre sus tradicionales propuestas de drama o comedia que habían vertebrado la producción patria. Y lo que es más, con el beneplácito del público. Aunque los éxitos televisivos autóctonos del momento siguen siendo las series de policías, hospitales o matrimonios, también se han colado en la parrilla televisiva series como Génesis (que es un poco como El Comisario pero con psicópatas) o El Internado (que es un poco como Compañeros pero con monstruo, salvando las distancias), a las que se une el reciente (y un poco exagerado, para qué engañarnos) éxito en cines de El Orfanato o REC. Estas propuestas presentan algunos problemas evidentes en mi opinión: uno, que a menudo beben de patrones clásicos del género que se pueden rastrear en docenas o centenares de producciones extranjeras, de las que son una copia más o menos evidente pero con actores y escenarios españoles, que siempre va bien a la hora de obtener subvenciones. La otra es la alarmante pobreza y falta de originalidad de los guiones, lo cual augura un triste porvenir al genero fantástico español si éste no se renueva antes de que al público se le pase la euforia coyuntural. Oía esta mañana una entrevista en la radio en la que uno de los creadores de Siete Vidas contaba que más de 80 guionistas trabajaron en la serie. 80 guionistas!! Yo habría dicho a esa serie le bastaba con dos, uno que se dedicaba a ver Friends, y se lo contara al otro para que la reescribiera a la española. Pero lo que en definitiva quería decir es que si al cine o a la tele les hacen falta ideas de producciones fantásticas baratitas con personajes y situaciones patrios, ahi estamos Enric y yo para lo que nos necesiten. Y de eso va el concurso que os propongo: queremos buscar el cásting perfecto para la versión de carne y hueso de nuestros personajes (de los que conocéis hasta ahora, al menos), exclusivamente con actores españoles. Un poco como lo que hicieron Vicisitud y Sordidez en aquel mítico cásting de Perdidos a la española. Y para los tímidos, mi primera sugerencia es para el personaje de Lita, la actriz Marta Berenguer que interpreta a Nacha (la hippie) en Camera Café (y es que lleva hasta el mismo peinado):  Así que todos a dejar vuestra propuesta en los comentarios, o por e-mail: huerfanos@hotmail.com. Entre los participantes (excepto Enric), sortearemos un número 4 de Huérfanos firmado por los autores así como un original de M.A. (yo) perteneciente al mismo número. Current Location: Palma de Mallorca Current Mood: sympathetic
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Hoy me toca escribir desde la indignación. Hace unos días terminé el dibujo de las páginas que había dejado abocetadas hace algunos años de mi otro proyecto. Animado por el razonablemente buen resultado obtenido con mis lápices (aunque no especialmente limpio) decidí que era hora de emprender el cierre de año dando carpetazo por fin al cuarto número de Huérfanos (un cómic sobre adolescentes con poderes, puede que alguno de vosotros lo recuerde vagamente), del cual dejé la mayoría de páginas dibujadas a lápiz y bastante avanzadas, pendientes solo de algunos fondos, como ya es costumbre en mí. Esta mañana he emprendido la aventura del entintado. He desempolvado y limpiado bien mi plumilla y pinceles mejor afilados, he escogido una página particularmente detallada, limpia y bien definida, aunque llena de masas de negro que podían complicar el proceso. Y para mi suerte, he decidido empezar a trabajar con una copia de la susodicha página, una precaución del todo recomendable en caso de desastre. Y tanta suerte, porque el resultado no ha podido ser más frustrante. De la viñeta y media que he logrado entintar antes de desesperar, por al menos. Como buenos frikis, todos recordaréis a Banky Edwards, el personaje interpretado por Jason Lee en Persiguiendo a Amy, el cual cargaba contra un fan en una convención cuando éste consideraba que el trabajo de entintado era el de un mero calcador. Calcador. Sí. Seguro. Cualquiera que se crea que entintar un cómic solo consiste en repasar las líneas a lápiz sin salirse, se está confundiendo con un pasatiempo de unir los puntos para que aparezca un bonito dibujo. No hay dos instrumentos más distintos al lápiz que el pincel y la plumilla. Al contrario que el lápiz, que puede llegar a convertirse en una extensión de la mano del dibujante, la plumilla y, sobre todo, el pincel, tienen vida propia. Son bestias salvajes, revoltosas e indomables que siguen la voluntad de su dueño de forma general, pero ejecutan los detalles por su cuenta. Se comportan como un perrito al que se saca a pasear, cuyo amo mantendrá a raya tirando de la correa, pero al que no se podrá impedir que de vez en cuando salga corriendo en otra dirección, o se detenga sin venir a cuento, ni sobre todo que eche una meadita aquí o allá. De la misma manera se comportan los instrumentos de entintado. Requieren dedicación, disciplina, paciencia y no pocas dosis de buena suerte. Por comparación, el lápiz es un instrumento amable e intuitivo, con el que se puede modular la línea, hacer tramas, sombrear, remarcar y detallar con notable facilidad. La tinta no admite tantos matices, ya que tiene que dar toda la definición y el volumen que con el lápiz pueden insinuarse de mil maneras, pero sin contar con la misma facilidad de uso. La plumilla y el pincel requieren seleccionar el grueso, modular la presión y la cantidad de tinta, y sobre todo mantener un enorme control sobre el resultado, ya que los contrastes entre blanco y negro pierden sutileza, y con ella puede perderse detalle, definición y profundidad, a menos que el dibujo a lápiz no deje lugar a dudas. Lo que sucede es que cuando eres tu propio entintador, tiendes a dejar muchas cosas al aire como dibujante, por una mera razón de eficiencia: evitar tener que hacer el mismo trabajo dos veces, una vez a lápiz y otra a tinta. Por supuesto, saltarse ese paso intermedio solo es algo que solo pueden hacer con seguridad los dibujantes experimentados, mientras que los demás nos dedicamos a confiar en el azar, y después de más de cuatro años sin terminar un número, uno ya no está para hostias. Pero sí que me importa, ya ves. No es que me sobre el tiempo ni las ganas para dedicarle a cada página lo que un trabajo profesional requiere, pero sí que me preocupa que el resultado esté lo más cerca posible de mi concepto. Que un entintado mediocre eche a perder un buen dibujo es no solo triste, es un incluso de mala educación. Así que además de estropear una copia de la pobre página 6 del Huérfanos 4, he estado experimentando técnicas y materiales. He comprobado que el papel es demasiado rugoso y absorbe la tinta, lo cual hace imposible las líneas más finas; si el papel es además demasiado fino termina por ondularse, lo cual hace aún más difícil trabajar con tinta sobre él (es el equivalente a tratar de escribir sentado en una cama de agua); para colmo la plumilla no estaba lo suficientemente limpia, y trazaba una linea más gruesa de lo debido; el pincel había perdido consistencia y su trazo era irregular, y además la tinta estaba demasiado líquida lo cual unido a la porosidad del papel hacía que la linea tuviera poco que ver con el dibujo que tenía debajo ... ... y ahora viene cuando os preguntáis qué rollo estoy largando, y qué excusa más triste para no terminar un número. Y razón no os falta, queridos lectores. Realicé los tres números anteriores de Huérfanos en las mismas y lamentables condiciones, y aunque el resultado no sea como para tirar cohetes, por los menos están terminados y pueden leerse. Me han recomendado que pruebe a entintar con rotulador, que lleva menos trabajo y no es lo mismo pero al menos es fácil de usar; o por ordenador, que es la forma fácil de controlar el resultado y no gastar tinta; o que lo deje a lápiz, que tampoco queda tan mal y no sería el primero. Pero amigos míos, es que uno tiene sus métodos y aunque todas esas soluciones me ahorrarían enfrentarme al proceso de entintado y me permitirían terminar un número rápido (una razón muy de peso) mi propósito es domar a mis bestias hasta convertirlas en dóciles esclavos que ejecuten cada movimiento exactamente como les ordene. Pero puede que este número no sea el más adecuado para andar jodiendo. Ha pasado demasiado tiempo y levantado demasiada expectación, así que muy probablemente se imponga un poco de pragmatismo para evitar seguir invirtiendo esfuerzo en un trabajo que después de tanto tiempo, ya cansa. Así que enhorabuena, queridos lectores, porque salga como salga, pronto habrá número nuevo de Huérfanos, quede como quede la tinta, que eso ya lo juzgaréis vosotros. Current Mood: frustrated
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Este es (de momento) el aspecto de la primera viñeta del número 4 de Huérfanos. Me he acordado de esta viñeta mientras dibujaba esta página, que pertenece a la novela gráfica en la que ando enfrascado estos días (a lápiz):  Ambas viñetas pertenecen al género de las escenas de multitudes, aquellas en las que aparecen más de 10 o 15 personajes en escena, normalmente figurantes anónimos, de esos que ahora en cine se multiplican digitalmente, pero que al dibujante de cómics le complican mucho la existencia. Crear una multitud creíble suele implicar superar la desidia que supone darles un aspecto a una gran cantidad de personajes que carecen de todo interés para el lector y para el guionista, y por ello mismo para el dibujante. Si total quién se va a fijar, tanto daría que fueran todos iguales, o que carecieran de rasgos y fueran burdos monigotes.
Y sin embargo, se nota. En la vida real las multitudes son diversas, llenas de color y contraste. Las de personas, al menos, puede que por eso resulte mucho más agradable para un dibujante trabajar con hormigas, aliens u orcos. Crear una multitud creíble de personas puede ser uno de los trabajos más ingratos de un dibujante, y es por ello que quiero romper una lanza en pro de ese arte olvidado.
Considero mis dibujantes de multitudes favoritos a Sergio Aragonés y George Pérez. El primero, especializado en multitudes anónimas, a las que caracteriza con tal cuidado (pese a su proverbial velocidad, a Aragonés no se le puede reprochar que descuide el detalle) que una de sus dobles páginas puede ser sometida a un examen minucioso contando personajes realmente distintos. Pérez, que nos deslumbró a todos con sus páginas repletas de personajes en Crisis en Tierras Infinitas, hacía lo propio con multitudes de personajes con nombre y apellidos (literalmente) cada uno con su identidad y sus rasgos, y que podían rastrearse con lupa para comprobar la precisión con la que el maestro no dejaba ningún detalle al azar - véase a tal respecto el espectacular póster conmemorativo de Crisis ilustrado por Pérez y pintado por Alex Ross. Los ejemplos de maestros de las multitudes abundan, desde Martin Handford (Dónde está Wally?) y los maestros del Renacimiento (pienso en El Paraíso de Tintoretto; tendrán todos los personajes también su identidad?) hasta los autores del ejército de miles de guerreros de terracota, la prueba definitiva de que, tal y como podíamos sospechar, crear multitudes es un trabajo de chinos.
Y sin embargo, rompo una lanza (otra vez, y no sé cuántas llevo ya) por la mayor presencia de multitudes en cómic. Para los que creemos en que el arte ha de imitar a la vida, los espacios llenos de gente son una parte de la cotidianidad a reivindicar: las multitudes anónimas que toman el tren, acuden a manifestaciones, abarrotan estadios o conciertos, y que pese a la desidia del dibujante para quien todos los figurantes de tales escenas son monigotes con cabezas ahuevadas, han de servir de inspiración para llenar de vida sus ilustraciones. Aunque la historia la cuenten los personajes principales, dibujar una multitud de vez en cuando se merece el esfuerzo de dedicar a cada uno de esos rostros anónimos los segundos necesarios para darle a cada uno un pequeño rasgo de identidad. A modo de Quién es quién, se trata de jugar con unos pocos rasgos que diversifiquen lo que de otro modo sería poco menos que una marcha de Lemmings: variar hombres y mujeres, rubios y morenos, altos y bajos, jóvenes o maduros, gordos o flacos, con pelo corto o melena, bigotes, barbas, gafas, para luego pasar a la multitud inmensa de atuendos, complementos y peinados. Las combinaciones son tantas y tan fáciles de generar, que enfrentado a la necesidad de poblar una viñeta de gente, la única razón para no hacerlo bien es la pereza. Y si nos falta la imaginación, la otra opción es tirar de nuestra memoria y poblar la escena de personas conocidos, de los extraños a quien vemos en el bus o en el bar, de nuestros compañeros de trabajo o de estudios, o de nuestros persoanjes favoritos de teleseries. De esta manera, el dibujante puede imprimir a una multitud de otra manera insípida un toque privado y cómplice.
Toda esta palabrería puede chocar con las escenas más bien solitarias que han poblado mis cómics hasta ahora. Lo sé, pero es que dibujar multitudes es una de mis (muchas) asignaturas pendientes, que me he propuesto aprobar en este cuatrimestre. Como lo es la de dibujar fondos creíbles. Pero esa es otra historia...
Si queréis compartir vuestras escenas o autores de multitudes favoritos, dejad vuestros comentarios o escribid a huerfanos@hotmail.com
Current Mood: impressed
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He llegado a la conclusión de que este diario no lo lee nadie. No ha habido un solo comentario desde que empecé, ni de amigos ni de desconocidos, y las pocas personas que conocían de su existencia deben haber creído que solo fue una flor de un día, como el propio cómic del que es objeto. A todos ellos les digo que estaban equivocados, pero no era de esto de lo que quería escribir yo. He estado pensando en el esfuerzo de los creadores que trabajan sin público, o mejor dicho en mi propio esfuerzo baldío por hacer cosas que sinceramente no parecen interesar a nadie. Esto tiene algo que ver con lo que escribía el otro día sobre la inmortalidad, pero hoy creo (quiero creer) que se reconoce al verdadero artista porque está más interesado en sacarse de dentro aquello que cree que debe plasmar en una obra que en el reconocimiento. Voy a denunciar ahora a todos los falsos artistas que aseguran tener un montón de talento e ideas, pero que no hacen el esfuerzo de ponerlos en práctica porque no van a tener repercusión. He conocido a dibujantes con talento que desisten de seguir dibujando por el placer de hacerlo, porque no han logrado ver su esfuerzo publicado, premiado o meramente reconocido. Escritores con la mente bullendo de ideas originales e innovadoras, que no se toman la molestia de ponerlas por escrito, para evitar la desilusión de no verlas convertidas en un cómic, una película, o simplemente editadas. Un creador que no crea deja de serlo por definición. El talento carece de valor en sí mismo si no está acompañado de acción, y esa es una lección que yo he aprendido duramente a base de experiencia. Lo que me convierte en dibujante no es la publicación de mis dibujos, sino el mero hecho de realizarlos. El concepto de profesional en paro no se aplica (o no debería aplicarse) a los artistas, ya que el hecho de no tener ingresos no excusa a un artista de seguir creando, a menos que la falta de recursos para procurarse materiales se lo impidan (digamos un escultor, un arquitecto, un fotógrafo). Los creadores de narrativa, poesía o música pueden excusarse de dejar de crear, pero no merecen (no merecemos) seguir llamándonos artistas si no estamos dispuestos a buscar el momento y la forma de hacer aquello de lo que presumimos. Alguien que solo usa sus habilidades por motivos prácticos, o a cambio de un reconocimiento o remuneración, puede ser un profesional (como lo es un fontanero) pero difícilmente un artista. El artista que se queja de no encontrar la inspiración, el tiempo, o de no estar motivado para hacer algo que no va a poder vender, solo está haciéndose el interesante, adoptando la típica pose bohemia del que no necesita demostrar de qué es capaz. Cuento esto entonando el mea culpa, porque he sido el primero en descuidar mis habilidades en cuanto he tenido la oportunidad, aunque me siento parcialmente redimido cuando, ante las adversidades que recientemente se han presentado en mi vida, mi primer instinto ha sido volver a lo único que no me pueden quitar cuando todo lo demás va mal, a mi obra. Aunque pase el tiempo y no logre terminar la tarea, o aunque la vuelva a abandonar, puede que un día definitivamente, hoy soy un artista, puede que más que nunca, ahora que nadie puede dar testimonio de lo que estoy haciendo. Al cómic que estoy dibujando le pasa un poco como a este diario que no lee nadie, o al proverbial árbol cayendo en un bosque donde nadie puede verlo: es una obra de arte en su estado más puro, cuando no ha podido ser contaminada por otra mirada que la del artista, cuando ningún receptor lo ha podido interpretar, darle un contexto, criticarlo. Una obra de arte que no ha sido compartida es como un niño al nacer, carente de toda polución moral, por encima del bien y del mal. En ningún otro momento un autor se siente más cerca de Dios. O, dicho en términos más propios del ateo irredento que soy, en ningún otro momento un autor se siente más Dios. Termino con unas palabras de de Neil Gaiman, cuando le preguntan en su blog: "Leo tu web cada día y aun no soy un autor famoso", a lo que él responde: "Apostaría a que no estás escribiendo lo suficiente, no estás terminando cosas, no las publicas, o si haces todo eso, te estás preocupando de las cosas equivocadas. De todos modos, ser famoso es tan útil para un autor como una mochila de excursionista bien cargada para una bailarina. De verdad".
Excelsior, Neil.
Current | | |